La escultura ciezana de Díaz-Pintado y su valor patrimonial

 

Aretusa, años 60. Fuente: 'Cieza, cien años en imágenes. Volumen III'


El escultor valenciano Francisco Marco-Díaz Pintado (1887-1980) desempeñó un importante trabajo artístico en la Vega Alta de la Región de Murcia. Sin embargo, es probablemente uno de los artistas más desconocidos en nuestra tierra, a pesar de su vínculo con la misma por el trabajo que realizó en Cieza para el diplomático Joaquín Payá.

Díaz-Pintado vivió y tenía su taller en Burjasot. Fue profesor de Bellas Artes, formó parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, y recibió varias medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de la época por sus preciosas esculturas de diversa temática y de carácter clásico, algunas de ellas expuestas hoy en jardines de Valencia, Málaga o de la Casa-Museo de Joaquín Sorolla (Madrid). Este último fue una de las grandes personalidades con las que el escultor se relacionó a lo largo de su extensa vida.


Centrándonos en Cieza, tenemos que trasladarnos a El Menjú. Esta finca, situada en un paraje natural de valor incalculable junto al río Segura, fue adquirida a principios del siglo XX por el diplomático, empresario y humanista Joaquín Payá, que creó en ella un lugar de ensueño en el que pasó largas temporadas y en el que invitaba a artistas, escritores y otras personalidades reconocidas de la época.

Esta finca no sólo era de recreo, también destacó enormemente por su amplia producción agrícola e industrial. A pesar de su relevancia, entró en un estado de decadencia a partir de la muerte del empresario en 1964, y más aún tras la muerte de su hijo, Joaquín Payá Navarro (finales de los años 90), sumiéndose en un estado de abandono y destrucción, fruto del paso del tiempo, y sobre todo del vandalismo, a pesar de sus importantes riquezas y bienes. Entre ellos se encuentra la Central Hidroeléctrica de El Menjú (que fue la primera en proporcionar luz a Cieza y a los municipios circundantes) y sus infraestructuras, también abandonadas, y que están catalogadas como Bien de Interés Cultural. Otro ejemplo más de que, muchas veces, estas declaraciones son un simple trámite burocrático que sirve de poco, mientras el bien sigue destruyéndose ante la pasividad de las instituciones. Además de toda esta infraestructura hidráulica que incluye el azud y los canales, en la finca hay un caserío, un antiguo almacén y la casa de los medieros; la barca-puente para cruzar el río, y los restos del jardín botánico, que estaba ricamente decorado con bancos de azulejos (de inspiración árabe), fuentes, columnas y esculturas de mármol, además de hermosos miradores. Y la joya de la corona, en la parte alta de la finca: la balsa de la ninfa Aretusa, esculpida por Francisco Marco-Díaz Pintado.

Se trata de una balsa-piscina en cuyo centro se sitúa la escultura en mármol de la náyade Aretusa, realizada a tamaño natural, que se encuentra sentada en un pedestal con la pierna izquierda flexionada, estando la rodilla levantada a la altura de su pecho, mientras que la otra pierna está apoyada en el pedestal. Destacan su mirada, clavada en el suelo, y un carcaj de flechas en su espalda. Sin duda, una escultura de gran belleza, de características artísticas clásicas, en la que cabe destacar su anatomía y volúmenes, los detalles de su cabello y de sus manos, y los pequeños relieves del carcaj.

Según la mitología griega, Aretusa era una náyade cazadora, hija de un dios fluvial arcadio. Alfeo se enamoró de ella, pero Aretusa, que había prometido permanecer siempre virgen, pidió ayuda a Artemisa, que la transformó en corriente de agua para que huyera del dios. Cuando se vio acorralada, Aretusa dirigió su curso bajo el mar y apareció en la isla de Ortigia, creando el manantial que lleva su nombre, cerca de Siracusa. A pesar de todo, Alfeo, convertido en río, mezcló sus aguas con las de la fuente de Aretusa. 

Aretusa se convirtió en una auténtica divinidad en Siracusa. Allí hay muchas representaciones de la ninfa, en fuentes, esculturas o incluso monedas. En muchas de ellas aparece rodeada de delfines, haciendo alusión a las aguas en las que se convirtió.


El pedestal de la náyade en El Menjú estaba recubierto de placas de mármol ricamente decoradas: en la parte delantera, donde apoyaba la pierna derecha la ninfa, se podía leer el nombre de la escultura y una inscripción en latín con su relato mitológico; en los laterales estaban los relieves de dos delfines de cuyas bocas salían dos chorros de agua que desembocaban en la balsa, y en la parte posterior el relieve del escudo heráldico de la familia Payá. La escultura fue instalada en el centro de la balsa-piscina que lleva su nombre en 1919, siendo una escultura más que centenaria.
Como se observa, tanto Payá como Díaz-Pintado poseían un gran conocimiento humanístico y artístico, y una sensibilidad exquisita.


Balsa de Aretusa, años 20. Fuente: 'Cieza, cien años en imágenes. Volumen III'

Actualmente, la escultura está decapitada, todas las placas de mármol están arrancadas incluida la pierna derecha. Los dedos de los pies y de las manos destrozados a golpe de martillo, y para colmo, todo el conjunto pintarrajeado con graffitis de colores.


Balsa de Aretusa en la actualidad. Fuente: Valeria Martínez


La Balsa de Aretusa tiene un valor incalculable, estamos hablando de una escultura de mármol única, realizada por un escultor de gran prestigio, y colocada en un lugar privilegiado, rodeada de naturaleza, junto a lo que en su día fue una capilla, una fuente, bancos y un muro de piedra centenario. Un lugar que en su época sería un auténtico paraíso, y que a pesar de su lamentable estado actual, aún posee un encanto especial. ¿Cómo ha podido y sigue pasando por alto esta maravillosa obra de arte? No se hace nada por su protección y por frenar el tremendo deterioro que sufre.

Otra balsa con una escultura realizada por el autor que posee características semejantes es La Fuente de las Confidencias, realizada también en mármol, y que pertenece a otra finca de la familia Payá, en Cañaverosa (Calasparra). Hay documentos fotográficos de la misma, como por ejemplo esta postal navideña de 1950.

Fuente: todocolección.net


En este conjunto escultórico, dos personajes que parecen estar confesándose sus secretos se sitúan apoyados sobre un pedestal de orden jónico. El valor de esta obra también es enorme, y además hay un aspecto que le añade mayor relevancia: hay una escultura idéntica a esta en el jardín que diseñó Sorolla en su casa, actual museo del artista, y que Díaz-Pintado colocó allí. Es de tamaño natural y de estilo neoclásico y constituye el elemento principal del estanque del Tercer Jardín de la Casa Sorolla. El yeso original fue presentado en la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1911, siéndole otorgada la segunda medalla, a pesar de que Sorolla quería adquirirla para instalarla en el jardín. En 1975 el escultor valenciano realizó una copia en bronce a la cera perdida para regalarla al Museo. El único elemento de piedra es el pedestal de volutas jónicas y una pila de mármol del siglo XVI.



El agua y el mecanismo de la fuente juegan un papel fundamental tanto en Las Confidencias como en Aretusa: un estanque de agua, pilas de mármol, mecanismos en el interior de las esculturas que generan chorros de agua, pequeños canales… El Jardín de la Casa Sorolla es de inspiración hispanomusulmana, y en El Menjú también se pretendía hacer un guiño a esto. Los orígenes del paraje ciezano se remontan a época musulmana, y Payá quiso probablemente rendir un homenaje a las raíces de su finca, al colocar bancos de azulejos de inspiración árabe y al darle mucha importancia al agua, a través de fuentes, canales y la balsa de Aretusa.  

Una auténtica maravilla, muy desconocida en Murcia, por desgracia. Otra obra muy importante, que fue la que le llevó a recibir otra medalla, fue el busto de Joaquín Payá. Digamos que esta importante obra es la muestra definitiva del vínculo de amistad tan grande que unió al escultor y a Payá, así como a la tierra donde este diplomático desarrolló parte de su vida personal y profesional, lo que le llevó al escultor a realizar encargos para sus preciadas fincas.


Busto de Joaquín Payá. Realizado en yeso. Fuente: Blog Burjasot Histórico

Sin duda, el papel de este prolífico artista en Cieza, en la Región de Murcia y por supuesto fuera de ella debería ser más reconocido, y sus obras protegidas y valoradas como se merecen por el incalculable valor Histórico-Artístico que poseen. Ojalá este artículo sirva como concienciación acerca de nuestro patrimonio, y para que sea cuidado, valorado, protegido y difundido como se merece.


Valeria Martínez Martínez







 









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