Bartolomé Martínez Bernal: el centenario de un hombre bueno

Queridos lectores, me vais a permitir que esta entrada del Blog sea algo más personal. El próximo 15 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de mi abuelo Bartolomé, un hombre ejemplar. Por ellos, quiero dedicarle este pequeño escrito, hecho con todo el cariño. 

Mi abuelo Bartolomé


Mi abuelo era el mayor de 5 hermanos. Él sentía un gran aprecio por su familia, que era y es apodada 'los cacharreros', ya que vendían botijos y objetos similares. Por ello convertiría a un botijo en el icono de la fábrica de esparto que fundó, Martínez Hermanos, de la que hablaré más adelante. Dicho botijo característico se podía ver en el logo o en el coche de la empresa.


Mi abuelo era un gran hombre, una buena persona, pero para hablar de cómo era él tengo que nombrar a mi abuela. Carlota, una mujer maravillosa, la persona más sincera y transparente, y con una sonrisa preciosa con la que contagiaba a todo el mundo. Él no habría sido lo que fue sin ella y viceversa, eran el complemento perfecto el uno del otro. Eran una pareja de cine.


Mis abuelos, Carlota y Bartolomé



Adentrándonos de nuevo un poco en la figura de mi abuelo, decir de él que era un hombre de grandes valores. Fiel a sus convicciones, a su ideología política la cual siempre defendió a pesar de todas las trabas y zancadillas que pudiera haber. Para él Cieza era muy importante. En mi familia muchas veces hemos comentado que él habría sido un gran alcalde, y en efecto podría haberlo sido. Pero él prefería compartir a partes iguales, ser uno más; él no concebía la vida individualmente, creía en lo colectivo. Esta idea de colectividad la trasladó a todas las áreas de su vida; creía en una familia unida (adoraba a sus hijos, nietos y bisnietos), creó una empresa familiar (Martínez Hermanos)... Él se sentía orgulloso de las cosas que había hecho, y a pesar de todo, tanto lo bueno como lo malo, tal y como él dijo una vez, si volviera a vivir, lo haría de nuevo igual. 

Como he mencionado, la familia y el trabajo eran muy importantes para él. No concebía la vida sin sus 3 hijos y sus 7 nietos, era feliz cuando estábamos junto a él y tanto él como mi abuela siempre nos mostraron un inmenso cariño y respeto. Ya fuera a lo largo de una gran mesa comiendo juntos, cenando en Nochevieja o charlando en el salón de casa en cualquier momento del año. Los valores familiares eran muy importantes para él, era un hombre de raíces y lo supo transmitir. 

 

Su trabajo, que como ya comentaba antes, era el esparto, y fue su pasión. No sólo se dedicó a ello por obligación, empezando a los 6 años a trabajar en condiciones durísimas por necesidades económicas propias de la época, si no que se fue convirtiendo en una vocación para él. Se dedicó en cuerpo y alma a su fábrica, produciendo y enviando importantes piezas de esparto por toda la geografía española, convirtiendo a Martínez Hermanos en un referente. Al echar el cierre en los años 90, era una de las últimas fábricas de esparto mecanizadas de Cieza.


Por si fuera poco, su labor profesional no acabó tras su jubilación. Decidió que era el momento de dar una oportunidad a esa etapa de la vida, en la que las personas, ya libres del trabajo, pudieran viajar y disfrutar. Por ello creó ACUTIMA, que funcionó durante muchos años y después se convertiría en la semilla de lo que es hoy el Centro de Personas Mayores de Las Morericas de Cieza. 

En ACUTIMA se organizaban actividades, concursos, premios, jornadas, organizaba viajes para los mayores por todas las regiones españolas... Llevaba la contabilidad, la organización de dichos viajes, todo pulcramente cuidado y muy metódico para que todos tuvieran la mejor experiencia. 

 

Años después siguió trabajando en casa, haciendo escritos en su ordenador sobre el esparto y su vida en general. Llegó a escribir sus memorias y a hacer pequeños libros sobre el esparto. El último libro con apuntes de esparto lo escribió pocos meses antes de morir, de hecho mi hermana y yo lo llevamos a la imprenta y le hicimos una dedicatoria a título póstumo. 

Lo recuerdo sentado en su escritorio escribiendo en el ordenador, en su sillón con papeles de facturas, viendo películas del oeste o programas de política, o paseando por la calle con su pose erguida y elegante (así era él). Y por supuesto, muchas anécdotas divertidas juntos.


Mis padres, mi hermana y yo siempre estuvimos muy unidos a mis abuelos, tuvimos la suerte de convivir juntos durante muchos años. Era una conexión muy especial y recíproca. Estoy agradecida por todos los momentos y experiencias compartidas, por el amor mutuo, por el cariño, por todo lo vivido juntos. Por haber tenido unos abuelos maravillosos que siempre me acompañarán allá donde vaya.

Mi abuelo falleció un 6 de diciembre, día de la Constitución Española; una gran coincidencia, siendo un hombre que tanto creyó en la democracia. Mi abuela murió el año anterior; menos de un año pasó entre los dos fallecimientos. Cuánto os echo de menos. Os querré toda la vida.

 

En definitiva, mi abuelo Bartolomé fue un hombre que no dejó indiferente a nadie. Un hombre vital, activo. Él amaba vivir y quería vivir 100 años. No pudo ser, pero aquí seguimos recordándole y así será mientras vivamos. Y desde aquí manifestar que se merece más de un homenaje, y un reconocimiento en su tierra. 


Mi abuelo, mi hermana Lorena y yo en la exposición de Lorena 'Huellas del Esparto'




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